PRENSA Y DIFUSIÓN
REFORMA LABORAL Y CAMBIOS EN LAS ESCUELAS: ¿QUÉ HACEMOS PARA SEGUIR EDUCANDO?

El salón estaba lleno, pero no saturado. Un clima de esos que mezclan expectativa con prudencia. Afuera, la discusión sobre la reforma laboral circula en términos de consignas; adentro, en el encuentro organizado por Banco Roela, la conversación tomó otro espesor. Más técnico, más incómodo también.El eje era claro: qué pasa con las escuelas —especialmente las de gestión privada— frente a un cambio en las reglas del trabajo. No es un sector cualquiera. La educación tiene tiempos propios, vínculos que no se reducen a contratos y una lógica institucional que no siempre encaja en la matriz empresarial clásica.En ese marco, la presencia del Director Nacional de Escuelas Privadas aportó el pulso político-institucional. Sin grandilocuencias, dejó entrever una preocupación concreta: cómo adaptar la normativa sin desarmar estructuras que, con sus límites, vienen sosteniendo el sistema. Traducción: reformar sin romper.Pero el tono cambió cuando tomó la palabra Juan Carlos De Pablo. No porque dijera algo estridente —de hecho, hizo lo contrario— sino por su manera de ordenar el debate. De Pablo no juega a la tribuna. Es, ante todo, un economista de la vieja escuela: datos, contexto y una dosis de escepticismo.¿Quién es De Pablo? Un técnico con vocación pedagógica. Un economista que lleva décadas explicando la economía argentina como si fuera una conversación de café, pero con rigor. No es un ideólogo puro ni un provocador mediático. Es, más bien, un traductor: alguien que baja a tierra discusiones complejas sin simplificarlas del todo. Y eso, en este contexto, no es poco.Su intervención fue en esa línea. Planteó que cualquier reforma laboral tiene efectos, pero no todos son automáticos ni lineales. En el caso de las escuelas, advirtió sobre un punto sensible: el riesgo de pensar la educación únicamente en términos de costos laborales. “Cuando uno reduce todo a eso —sugirió—, pierde de vista qué está en juego”.No hubo definiciones cerradas. Sí, en cambio, una idea que quedó flotando en el aire: la necesidad de evitar soluciones genéricas para problemas específicos. Las escuelas no son fábricas, pero tampoco están fuera de la economía. Se
mueven en ese terreno intermedio, donde las decisiones impactan tanto en balances como en trayectorias educativas.El encuentro terminó sin aplausos largos ni frases para titulares fáciles. Quizás porque, en el fondo, todos sabían que la discusión recién empieza. Y que, como suele pasar en la Argentina, las reformas no se juegan solo en el texto de la ley, sino en cómo se interpretan, se aplican… y se resisten.